
La etapa de adolescencia es una de la más difícil no solo para el adolescente sino también para los Padres, ya que, por ser etapa de confusiones y cambios temperamentales se desencadenan situaciones de tensión entre Padres e Hijos.
El punto es que existe un gran desequilibrio en cuanto a las necesidades de los adolescentes y las necesidades de los Padres, en cuanto a la actitud cambiante y egocéntrica de los adolescentes y la actitud estable y madura de los Padres. esta irregularidad trae como consecuencia un caos total en las relaciones interpersonales Padre-Hijo quizás porque en muchos casos el rol de los Padres se vea afectado por una cierta actitud de ironía, soberbia, autoritarismo y la más importante ignorancia y falta de información por parte de éstos sobre la etapa de adolescencia que sus hijos están atravesando.
Es importante que el adolescente sienta que sus Padres lo apoyan y lo entienden, sin embargo esto no quiere decir que deban aceptar aquellas conductas inadecuadas o fueras de lugar, en otras palabras el afecto y la disciplina deben ir en paralelo. Por ejemplo el adulto no debe ver a un adolescente como un problema sino como un joven que tiene problemas.
Los Padres deben saber que existe una razón de carácter biológica e interna que conlleva a cambios de conductas en el adolescente y por ende deben mantener una postura de paciencia, comprensión y dedicación con respecto a la crianza de sus hijos, ya que, los chicos en esta etapa a menudo comienzan a probar como se sienten con diferentes apariencias físicas, estilo de identidades y adquieren de cierto modo mayor conciencia de en que difieren de los demás chicos de su edad, lo que tiende a provocar episodios de conflictos con sus Padres.
En fin, la intención es que los Padres aprendan a apoyar, a entender y ayudar a sus hijos a buscar eso que ellos están buscando porque si el adulto no lo hace el adolescente lo va buscar por otro lado y es precisamente ahí donde comienzan los problemas porque empieza a experimentar y a vivir nuevas experiencias que buenas o malas terminan marcando sus vidas para siempre.

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